Como hace 2.000 años

Desde la brutal agresión a la iglesia católica de Santa María, en Sukkur (Pakistán), que el 19 de febrero, junto con las aulas de la parroquia, fue reducida a una ruina calcinada. Día en el que una turba de miles de personas pertrechadas con explosivos y bombas incendiarias se encaminaron a esta ciudad de la provincia de Sind, donde derribaron las verjas de la parroquia y prendieron fuego a todo lo que se interponía en su camino.

Desde los ataques, tanto en San Salvador como en Santa María se ha venido registrando un notable incremento en la asistencia a Misa. Los católicos se congregan en una escuela a medio construir a falta de su iglesia. La asistencia a misa, como un desafío a estos actos de intimidación, se ha duplicado en las semanas posteriores al último atentado perpetrado contra una iglesia en el sureste de Pakistán.

Sólo quedaba espacio para permanecer de pie cuando, el pasado domingo (5 de marzo), el obispo católico local elogió a los fieles por su valor y su fe. “Lo que está acaeciendo aquí, en Sukkur, dijo el obispo, demuestra hasta qué punto es cierto que la sangre de los mártires es la semilla que hace florecer la fe”. Y prosiguió: “Son tiempos de persecución para esta Iglesia, y los cristianos de Sukkur están dejando claro que seguirán manteniéndose fieles a su fe pese a la violencia y la intimidación”.

Igual que hace XXI siglos los cristianos son perseguidos en lugares dominados por los violentos y intransigentes. En algunos aspectos parece que la historia no ha avanzado. Lo más grave es que hoy, a pesar de las Alianzas de Civilizaciones o tal vez por eso, estos cristianos no tienen estado occidental que los defienda.

Enric Barrull Casals